Hoy soy más egoísta que nunca. Hoy no solo me voy a regocijar en mi
propio sufrimiento. No, eso ya no me basta.
Hoy lo comparto y te hago
cómplice, lector.

viernes, 4 de abril de 2014

Angustia. La compra compulsiva. La comida.

Angustia. La compra compulsiva. La comida.
Alguna vez estuvieron ahí? Entonces saben lo que siento.
Es una seguidilla, un patrón. Es algo que viene después de otro algo que era menos peor.

Cuando no puedo manejar algo que pasa en mi vida, algo groso, de eso que de tener una varita mágica harías... bueno, magia para que desaparezca, me inclino a comprar ropa, a gastar plata en cosas que -digamoslo así- no necesito, no tengo necesidad de tener: otra taza, otro pantalón, otro par de botas, otra remera para el perro -si, para el perro-. Y si no puedo comprar? Mas angustia, mas de lo mismo. Me inclino a la comida, a la angustia oral como le dicen: un brownie que no me llena, un sanguche que no tenia ganas, un café que encima me acelera, una pizza, un Mc al paso. Todo lo que haya en la heladera. No importa si hace dos horas almorcé, no importa si hace diez minutos merendé en casa un té con tostadas, si paso al lado de un Starbuck volviendo a casa y no tengo en mis manos las bolsas de compra, NECESITO comer algo. Después me duele la panza, obvio. Estoy llena... si, llena de comida y en cima me aprieta el jean tiro alto por el que me mate el mes pasado en el gym. Todo mal. Todo por no comprar esa remera, todo por no haber mandado a la mierda a alguien (a tu jefe, a tu hermano, a tu viejo, a tu novio...), porque no llegas a fin de mes, por que estas cansada. Y vuelve la angustia. La compra. La comida. La angustia. Y la VISA a reventar. TODO VUELVE.

miércoles, 26 de marzo de 2014

NO COMPRARÉ

"No compraré" es el mantra que me repito cada vez que abro una revista, que prendo la compu, que boludeo con el cel. "No compraré". "No compraré" para ahorrar un poco. "No compraré" para que la VISA se mantenga debajo de las 10 lucas. "No compraré" hasta que la VISA baje a los 6... al menos. "No compraré" porque ya no tengo lugar en ninguno de mis dos roperos, porque acumulo ropa que no uso, porque tengo zapatos que me lastiman y no puedo usar, porque TENGO lo suficiente para vestir sin comprar algo nuevo cada vez que salgo a la calle. 

"La oniomanía o compra compulsiva es un trastorno psicológico cuyo síntoma es un deseo desenfrenado por comprar sin una necesidad real, frecuente en personas que padecen trastornos del estado de ánimo. Esta psicopatología suele estar asociada con trastornos depresivos y baja autoestima, aunque la compra compulsiva puede estar presente en otras enfermedades mentales como el trastorno bipolar o el trastorno límite de la personalidad"... volvemos a lo mismo de siempre en si. Se que NO lo necesito, se que puedo NO comprarlo pero también se que lo voy a hacer. Porque si lo veo, quiero probarlo para darme cuenta de que no es tan lindo, de que no me va a quedar bien (en este caso seria un hallazgo feliz, porque en el cambiador del negocio siempre todo te queda bien, el problema es como te queda cuando lo sacas del ropero de tu casa), y si me queda bien solo tengo dos opciones: comprarlo o, ignorando la mirada acusadora o lastimosa de la vendedora, no comprarlo... y limarme la cabeza durante el tiempo que el poder de la voluntad ejerza sobre mi, mientras no puedo lograr dormir sin pensar en ese jean, en esa campera, en ese sweater,en esos zapatos, me despierto pensando en eso y paso el día dando vueltas en mi casa pensando en que podría combinarlo con esto y aquello (con suerte, "esto y aquello" ya lo tengo). La clave esta en no salir de casa. La clave esta en salir de casa con el perro para poder pasar frente al local y pispear si esta o (otro feliz hallazgo) ya no esta, pero no poder entrar. Porque cuando salgo de casa con el poder fisico de entrar al local, se que voy a comprarlo. Lo voy a tener y luego voy a sentirme miserable.

COMPRAR es una maldita ADICCIÓN. 

jueves, 20 de febrero de 2014

Olvido, viejo verde


¡Pobre flor! ¡ Qué mal naciste! 
¡Qué fatal que fue tu suerte! 
Al primer paso que diste 
tropezaste con la muerte. 
El dejarte, es cosa triste 
el cogerte, cosa fuerte, 
pues dejarte con la vida 
es quedarte con la muerte.



Miguel Hernández.




Volví de la plaza inspirada. No, no fue el día soleado, las nubes ni los arboles, no fueron las parejitas que derrochan ternura. Fue un viejo asturiano (un viejo verde) que me dijo que no debería analizar tanto las cosas, que la vida es ahora. Me dijo que el pasado ya estaba, era pasado y que el futuro no sabíamos que era, entonces que viva el presente. Que deje de analizar las cosas -por extraño que suene es la segunda vez que me hacen esa recomendación-que no piense tanto, ¡que viva! Casi lloro. 



Olvido se me acerco con su bastón, sus ochenta y tantos y su paso lento mientras jugaba con el celu tratando de ignorar al perro que me taladraba la cabeza ladrando para que le tirara la pelota. Me dijo que le gustaba mi perro, que tenia cara fea pero buen cuerpo y después ya no recuerdo cuando fue la primera vez que me dejo lo linda que yo era, modestia a parte, tras dedicarme la poesía que escribí al principio. "¡Pobre flor! ¡ Qué mal naciste!  ¡Qué fatal que fue tu suerte! Al primer paso que diste tropezaste con la muerte", no se que lo inspiro a contarme que Miguel Hernández, un amigo de Cervantes (no puedo dar fe de esto), estaba en un velorio cuando vio la calavera asomar de la tierra y en la cuenca donde debería estar el ojo, una flor. Así se entiende la poesía, pero yo sentí que me hablaba de otra cosa.


Olvido me contó que era de Asturia, cosa que ya había notado por su fuerte acento. Me dijo que estaba casado en segundas nupcias con una mujer argentina desde hacia 14 años, que lo quería mucho, que era cariñosa con el y que lo cuidaba. Me contó que se la habían presentado cuando estaban los dos de vacaciones en el Viejo Continente, que empezaron a salir y le pidió casamiento porque prefería dejarle su pensión a una mujer y no al estado. Me dijo que era un hombre muy enamorado... pero de las mujeres en general, no de la suya en particular, porque ella lo quería mas a él que él a ella. Replique que generalmente en las parejas uno ama mas que el otro y me dio la razón. Entonces me pregunto si estaba enamorada.


Volviendo al perro, me dijo que las mujeres francesas solían tener perros de amantes (tampoco puedo dar fe de esto), que dormían con sus perros a falta de hombre. Uso la palabra "dormir" como si significara "coger", yo no me había dado cuenta. "Que igual es mejor eso que las lesbianas y los chicos que se besan con otros chicos". "Yo también duermo con mi perro cuando mi marido no esta", si, a veces uso la palabra "marido" cuando un hombre me hace sentir incomoda, aunque en este caso, este viejito verde me divertía. Me pregunto si tenia chicos, le dije que no. "Mejor"- me dijo, "No tengas hijos, así estas bien, sos hermosa, los hijos son para problemas que no valen la pena, y si después te queres separar no podes. Si queres ten uno o dos, pero mejor no tengas". Le agradecí el consejo, pero no me anime a preguntarle si el tenia hijos.



No se porque, me hablo de como los asturianos habían sacado de sus tierras a los moros (otra vez no puedo dar fe de esto, no se nada de historia) cuando el Rey había muerto y mientras su hijo heredero lloraba, la mujer matriarca del difunto Rey le dijo "No llores como niño lo que no supiste defender como hombre". 


Me contó muchas cosas mas que ya no recuerdo, que se me terminaron mezclando entre tantas ideas. Lo que si recuerdo es que antes de despedirse me pidió un beso, en realidad dos, porque en su tierra dan uno en cada mejilla. Cuando le daba el segundo beso aprovecho la proximidad para tomarme una lola, le dije que era un viejo verde y sonrió como diciendo "Si no aprovecho ahora que tengo un pie dentro de la tumba, querida". Me dijo una cosa mas: Si nos volvemos a encontrar y yo estoy con mi mujer, hagamos como que somos dos extraños, porque ella es muy celosa. Así sera!




miércoles, 18 de diciembre de 2013

Inconcluso 2013

Se me pasó el año entre no querer ir al barco y entre estar en el barco, entre planear las mejores vacaciones de mi vida y vivirlas a través de una cámara... y revivirlas en fotos, entre pedir turnos, ir al medico, torturarme pensando que tenia que ir al gym, torturarme pensando que tenia que comer mejor, entre extrañar a El Enviado, mi casa, mis amigas y elegir entre salir con mis amigas o quedarme en casa con El Enviado, en fin se pasó el año tratando de dividirme siempre en dos para que el tiempo me dure mas. Este año hice cosas que esperaba desde hace mucho, como fue salir del país, conocer otro continente me cambio la cabeza. Y también hice cosas que creí que jamas haría... como anotarme en el gym y realmente ir, me propuse comer bien y lo cumplí, hasta ¡me compre ropa deportiva! -y se me abrió un nuevo mundo de compras... pero eso no se lo vamos a contar a El Enviado-, eso cambio la forma en que me veo a mi misma. También aprendí a tejer, me calma, no tengo que pensar mientras lo hago y fui a mas clases que a citas con Julia, la psicóloga.

Y por mas que lo intente, fue otro año que no dedique a la escritura. Ni siquiera ahora, que llevo 20 minutos sentada frente a la pantalla, siento que vaya a salir algo que tenga que ver conmigo.

Pienso que tengo que ir a comprar unas bermudas para El Enviado, que se esta por largar a llover, que no colgué la ropa que lave... y me siento lo que nunca quise ser, una ama de casa. Me pregunto como paso esto. Sera verdad lo del saturnazo? Si la edad no es lo que me afecta, lo sera cerrar un ciclo. Empecé a caminar la vereda hacia los 29, a un paso de los temibles 30. Y me pregunto si cumplí con mis expectativas. Tengo todo lo que quiero? Que me falta? Porque me falta? Si es verdad que la vida te da lo que pedís, sera que no se lo pido con la suficiente fuerza?

No puedo cerrar el año. No quiero. Porque cuando termine significa que me quedo sola... por los 3 meses que El Enviado se va de viaje. Y no tengo idea de que voy a hacer 3 meses sola. Bueno, sola, espero que no. Me quedan el perro, el loro y algunas amigas.

Bueno, por lo menos colgué la ropa.
Maldito balance de fin de año.

martes, 24 de septiembre de 2013

Julia, la camisa y la culpa

Julia -en realidad ni siquiera se llama Julia, pero nunca nos acordamos de como se llama.. y decidimos llamarla Julia- es "la licenciada" -como le dice El Enviado a nuestra psicóloga- que nos atiende. Terapia de pareja. Les suena? "Empezamos terapia, descubrimos que el piensa que lo voy a llevar a la ruina económica, que yo no tengo proyectos propios y por eso me dejo arrastrar a los suyos... o sea que no se que hacer con mi fucking vida y por eso me angustio".- le conté a una amiga la semana pasada, es a la conclusión a la que Julia llego (en mis propias palabras, obvio).
El tema es que desde ese día no puedo comprar nada sin sentir culpa... por lo que antes de pasar la tarjeta, me arrepiento de comprar. No, miento, hace tiempo que siento culpa... pero como compraba "a escondidas" de El Enviado no pasaba nada... "corazón que no ve..." hasta que llegaba la cuenta de la VISA.
Cada vez que salimos de lo de Julia, vamos a un café - o casita de te que El Enviado dice odiar pero le entra a las croissant sin miedo- y hablamos por un rato de lo que salió durante la sesión. El Enviado no quiere ir mas, siente que ya no tiene de que hablar, o creo que no me quiere escuchar, pero a eso todavía no llegamos.
Hoy explote, mentalmente. O sea, no pasó nada. Me enchinche sola, se me lleno el vaso de boludeces que me reprocho sola: Tengo bronca, tengo hambre, no me quiero cuidar, no quiero hacer dieta, no quiero tener hambre,  quiero comer cosas con grasa... como manteca, no quiero ir a spinning, no quiero que me importe cuanto va a venir el mes que viene en la VISA.

Fui a comprar una camisa, que no compre y me sentí mal. ¿Por que no la compre? Si ya estaba permitida! Que mierda significa que "estaba permitida"!? Estoy mal de la cabeza... se lo voy a comentar a Julia el martes que viene.